¿Una oportunidad perdida? El G7 y la distribución global de vacunas

El pasado viernes, los países miembros del “Grupo de los 7” (G7) se encontraron en el pequeño condado de Cornwall (Reino Unido), para su cumbre anual. Como no podía ser de otra manera, la reunión de las principales democracias del mundo giró en torno a múltiples temas, todos urgentes e importantes: la diplomacia de vacunas, el cambio climático y la expansión de China, por nombrar sólo algunos.

Si bien el comunicado emitido por el Grupo dio mucho de que hablar en diversos ámbitos, esta nota se enfoca en uno de los problemas que mantiene en vilo a quienes lideran la lucha contra el coronavirus: la distribución desigual de vacunas. Esto es porque, entre otras disposiciones, los líderes de Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y Japón se comprometieron a donar mil millones de dosis a los países más pobres. ¿Es suficiente para terminar con la crisis?

El fantasma de la inequidad

Junto a la aparición de nuevas cepas, el principal obstáculo para el fin de la pandemia es la distribución desigual de vacunas a nivel global. En este sentido, días atrás el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, denunció que el mundo atraviesa una “pandemia a dos velocidades”: mientras que en los países con mayores ingresos la vida está lentamente volviendo a ser como era antes, en las naciones más pobres aún cuesta visualizar la luz al final del túnel.

Según datos de la propia OMS, mientras que los Estados miembros del G7 (con excepción de Japón) aplicaron alrededor de 76 dosis por cada 100 habitantes; los latinoamericanos aplicaron cerca de 36 y los africanos, menos de 3. Además, de las 1.500 millones de vacunas aplicadas en todo el mundo, el 44% fue a parar a las naciones de mayores ingresos, mientras que las más pobres sólo accedieron al 0.4%. “Lo más frustrante sobre estos datos es que han persistido durante los últimos meses” señaló Ghebreyesus.

Como si fuera poco, la iniciativa COVAX está lejos de cumplir su meta: de las 2mil millones de vacunas que planeaba entregar a los países pobres hacia finales de 2021, hasta el momento sólo distribuyó el 3.4%. Según esta nota de Vox, esto se debe a tres grandes causas: escases de presupuesto, problemas en el suministro y el hecho de que los países con mayores recursos parecen no querer compartir las dosis que adquirieron en exceso.

Respecto a este último punto, el tracker de vacunas de The Duke Global Health Innovation Center, un think tank norteamericano que investiga temáticas vinculadas a la salud global, reveló que las naciones de mayores ingresos adquirieron una cantidad de vacunas suficiente para inmunizar varias veces a toda su población. A modo de ejemplo, la Unión Europea, por ejemplo, compró 1.600 millones de dosis para sus 375 millones de habitantes adultos; mientras que el Reino Unido ordenó 219 millones de vacunas completas (teniendo en cuenta que muchas requieren dos aplicaciones) para sus 54 millones de adultos. Por su parte, Canadá adquirió 188 millones de vacunas completas para sus 32 millones de ciudadanos mayores de edad, lo que representa un exceso de 156 millones.

¿Por qué el G7 no alcanzó las expectativas?

© Karwai Tang /G7 Cornwall 2021.

Si bien expertos coinciden en la donación de mil millones de dosis es un paso en la dirección correcta, muchos consideran que la medida es “demasiado lenta” y demuestra “falta de ambición”. En consonancia con Tedros Ghebreyesus, el propio secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, subrayó que el mundo “necesita más” y remarcó que, si los habitantes de países en desarrollo no son inmunizados en el corto plazo, pueden crearse reservorios que originen variantes resistentes a las actuales vacunas.

“Necesitamos más que eso. Necesitamos un plan global de vacunación, necesitamos actuar con lógica, con sentido de urgencia y con las prioridades de una economía de guerra. Todavía estamos lejos de conseguirlo”, enfatizó.

Según la organización internacional Oxfam, el mundo necesita 11 mil millones de dosis para dar por terminada la pandemia, teniendo en cuenta que la mayoría de las vacunas requieren dos aplicaciones y sumando la posibilidad de que, en algunos casos, sea necesario un refuerzo para hacer frente a nuevas cepas. “Si lo mejor que pueden hacer los líderes del G7 es donar mil millones de dosis de vacunas, entonces esta cumbre habrá sido un fracaso“, afirmó la directora de políticas de salud de la organización, Anna Marriott.

© David Fisher / G7 Cornwall 2021

En definitiva, lo que muchos reclaman a los líderes del G7 es el diseño de un plan integral de vacunación global, que permita la llegada rápida de dosis a los países que las necesitan de manera urgente y aumente la cantidad de vacunas disponibles para finales de 2021 y 2022. Para eso, en lugar de donar las dosis excedentes luego de terminar de vacunar a su propia población, los países ricos debieran hacerlo en el muy corto plazo, para permitir que la campaña de inmunización avance de manera simultánea en otros países del mundo.

“Los países no deberían centrarse solo en donar dosis excesivas. Si esperan hasta haber vacunado a todos los ciudadanos elegibles, pasarán varios meses más inmunizando a las personas que tienen un riesgo relativamente bajo, mientras que los adultos con alto riesgo en países como India no se vacunan”, señaló en una entrevista con VOX Bruce Aylward, asesor principal de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que trabaja en Covax.

Los países ricos deberían actuar más como Suecia, que recientemente decidió donar 1 millón de sus dosis, una quinta parte de su suministro actual, a pesar de que poco más del 30 por ciento de su población ha recibido una inyección”, agregó. Por otro lado, también está en discusión la necesidad de liberar temporalmente las patentes de las vacunas, una medida cuya efectividad está siendo debatida y sobre la que profundizamos en esta nota.

Más que falta de solidaridad, un autosabotaje

© Karwai Tang / G7 Cornwall 2021.

Sin dudas, la distribución tan desigual de las vacunas no sólo prolonga la pandemia, sino que impide salvar miles de vidas. Según un reporte de UNICEF, más personas murieron por covid-19 en lo que va de 2021 que en todo el 2020, en parte debido a fuertes brotes que se produjeron en países con campañas de inmunización muy poco avanzadas.

Pero además, acelerar el ritmo de vacunación global no es un imperativo moral, sino también una decisión económicamente racional y diplomáticamente eficiente. “Al no actuar lo suficientemente rápido para vacunar a todo el mundo contra el covid-19, [los miembros del G7] están pasando por alto el acuerdo del siglo. Esto no es sólo una tontería económica, sino también un fracaso moral y un desastre diplomático“, argumentó la revista The Economist en un artículo reciente.

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), inmunizar al 40% de la población del mundo hacia fines de 2021 le costaría a los países 50 mil millones de dólares, una cifra pequeña si se lo compara con la suma destinada por Estados Unidos a los programas de alivio social – que rondó los 1.9 billones de dólares. Los beneficios, además, serían exorbitantes: cerca de 9 billones de dólares en ganancias, debido a una recuperación económica acelerada.

El costo asciende a solo el 0,13% del PBI del G7, una quinta parte de la cantidad (de dinero) que sus miembros se comprometieron a gastar cada año para ayudar a otros países. Si un grupo formado para luchar contra las grandes amenazas internacionales no puede decidirse a efectuar una inversión tan obvia en nombre de la humanidad, ¿Qué es lo que puede hacer?”, remarcó The Economist en su editorial del pasado 12 de junio.

Por otro lado, muchos países de medianos y bajos ingresos que no pueden acceder a las vacunas de Pfizer-BioNtech; Moderna o AstraZeneca se ven forzados a recurrir a fármacos producidos por Rusia (Sputnik-V) y China (Sinopharm y Sinovac). En este sentido, la distribución equitativa de vacunas en el mundo es también una prueba de liderazgo para las democracias occidentales, en especial para Joe Biden. Bajo el lema de “America is Back“, el flamante presidente de Estados Unidos debe mostrar que tiene mucho más para ofrecerle al mundo que sus rivales asiáticos, que son poco democráticos y tienen grandes ambiciones de expansión.

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