Vacunas como bien público global: ¿Una odisea?

Si sólo tenés cinco minutos:

  • Hasta el momento, la distribución de vacunas a nivel global difícilmente pueda calificarse de “equitativa”: 10 países acapararon el 75% de las dosis producidas en todo el mundo y más de 130 Estados no recibieron ni una partida. La balanza, por supuesto, se inclina a favor de las naciones de altos ingresos.
  • Ante este dilema, más de 130 países presentaron ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) una petición para liberar temporalmente los derechos de propiedad intelectual (IP) de las vacunas. Sin embargo, la industria farmacéutica y los líderes de Estados Unidos, Reino Unido y Suiza, entre otros, se oponen.
  • Desde Statu Quo dialogamos con Carlos Javier Regazzoni, Doctor en Medicina y Director del Equipo de Desarrollo Humano y Salud Global del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) para analizar la temática.

Tal como lo afirmó el propio Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, el problema de distribución de la vacuna contra el coronavirus es uno de los mayores dilemas morales que enfrenta la humanidad. Después de todo, se trata de la solución a la pandemia de COVID-19, que azota al mundo desde hace más de un año y que causó una crisis sanitaria, económica y social inédita en la historia reciente.

Como explica Guille Nicola en este posteo de Statu Quo, en los últimos meses la campaña global por una vacunación rápida y eficaz tomó dos caras: por un lado, promovió iniciativas internacionales de carácter cooperativo; pero por otro, generó una competencia donde distintas potencias buscan reforzar su prestigio e influencia en la construcción de un nuevo orden multipolar.

Hasta el momento, la distribución de las vacunas a nivel global difícilmente pueda calificarse de “equitativa”: según datos de Naciones Unidas, diez países acapararon el 75% de las dosis producidas, mientras que cerca de 130 Estados no recibieron ni una partida. Como es de esperarse, los beneficiados son países desarrollados o de mayores ingresos.

Para evitar el desabastecimiento de las naciones más pobres y garantizar la inmunización igualitaria de gran parte de la población, surgió el Fondo de Acceso Global para Vacunas Covid-19 (COVAX, por sus siglas en inglés), iniciativa público-privada que promueve la distribución equitativa de las vacunas en todo el globo. Se trata del único proyecto internacional de este tipo, cuyos objetivos son asegurar que las dosis sean repartidas de manera justa y facilitar el acceso para países que, de otro modo, no podrían pagar su precio de mercado.

Foto: UNICEF.

Con este propósito, COVAX aspira a distribuir 2000 millones de vacunas en todo 2021, lo cual sería suficiente para inmunizar a parte del personal de salud y de los pacientes más vulnerables a la enfermedad. Pero, ¿es posible para COVAX frenar la pandemia? ¿Tendrá su accionar un efecto significativo al momento de evitar la propagación del virus?

Sin desmerecer la trascendencia y la importancia de la iniciativa, la OMS sugiere que para detener al COVID-19 es necesario vacunar al menos al 70% de la población mundial. A un ritmo de 2000 millones de personas por año, podría llevar mucho tiempo inmunizar a casi tres cuartas partes de los 7.800 millones de habitantes del planeta.

Entonces, ¿Qué puede hacerse ante este dilema? En las últimas semanas, se viralizó en redes una campaña liderada por organizaciones como Médicos Sin Fronteras o Amnistía Internacional, que reclama a las farmacéuticas que producen las vacunas contra el COVID-19 la liberalización de las patentes. En verdad, es un pedido que múltiples gobiernos ya presentaron ante organismos internacionales, pero que aún está en discusión. ¿Puede ser ésta la solución al problema?

Para ampliar: “Diplomacia de las Vacunas: Iniciativa Covax” (Publicado por Guillermina Nicola en Statu Quo, marzo de 2021).

¿Qué implica liberar las patentes?

Si bien la campaña #Liberenlaspatentes cobró notoriedad y se viralizó recientemente en redes sociales, se trata de una iniciativa que desde hace meses es impulsada por más de cien países ante la Organización Mundial de Comercio (OMC). La iniciativa cuenta con el apoyo del director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, a lo que se suma una carta abierta firmada por más de 40 premios nobel y ex jefes de Estado, dirigida al presidente Joe Biden.

En pocas palabras, la eliminación temporal de los derechos de propiedad intelectual (IP) de las vacunas contra el COVID-19 implicaría considerar a estas últimas como un bien público global. Para muchos, esto podría permitir que otros laboratorios a nivel mundial comenzasen a producir dosis e incrementaría la investigación científica en torno a ellas.

Sin embargo, existen países que se oponen a la propuesta, como Reino Unido, Suiza, Estados Unidos y otras naciones europeas. Sus gobiernos argumentan que las patentes son necesarias para promover la investigación y el desarrollo de fármacos y sostienen que la solución a la escases es aumentar la capacidad productiva global.

Al mismo tiempo, desde la industria farmacéutica plantean que no son las patentes las que impiden aumentar el suministro global de vacunas y sostienen que no está clara la existencia de capacidad ociosa para incrementar la producción. Además, sus representantes afirman que, en la actualidad, la alta demanda de dosis a nivel mundial provocó una escasez de insumos que afecta a toda la cadena de elaboración de las dosis.

“Los derechos de propiedad intelectual no son un problema”, subrayó Thomas Cueni, Director de la Federación Internacional de Productores y Asociaciones Farmacéuticas (IFPMA), a la agencia Reuters. “Los cuellos de botella se producen por la escasez de materias primas, de ingredientes, de capacidad. (La respuesta) pasa por el know-how y la transferencia de tecnología”, agregó.

Para ampliar: “Why waiving patents might not boost global access to coronavirus vaccines” (Publicado por Ashleigh Furlong y Sarah Anne Aarup en Politico, abril de 2021).

La discusión, por su puesto, es compleja. Para otros expertos en salud global, el argumento sobre la necesidad de las patentes no aplica a casos como el actual, en dónde el desarrollo de las vacunas fue financiado, en su mayor parte, por fondos públicos y donaciones.

“No estoy impresionada por ese argumento, que no es muy válido para esta situación”, señaló Ellen’t Hoen, investigadora y directora de Medicines Law & Policy, a BBC Mundo. “La mayoría de las innovaciones médicas que estamos viendo no se desarrollaron gracias a la propiedad intelectual, sino debido a la masiva inversión del sector público”, agregó.

En esta línea, la revista científica Nature publicó recientemente un editorial en el que insta a líderes mundiales a liberar las patentes sobre las vacunas de COVID-19. “La pandemia no es una competencia entre países, sino más bien una carrera entre la humanidad y el virus. Esta no terminará sin una distribución equitativa de dosis a nivel mundial. En lugar de competir, países y empresas deberían cooperar y hacer todo lo posible para poner fin a la pandemia”, remarca el documento.

Carlos Javier Regazzoni, Doctor en Medicina y Director del Equipo de Desarrollo Humano y Salud Global del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI).
Esto afirmó Regazzoni en Statu Quo sobre la liberalización de patentes.

Para entender mejor este dilema y contemplar todas sus dimensiones, desde Statu Quo, dialogamos con Carlos Javier Regazzoni, Doctor en Medicina y Director del Equipo de Desarrollo Humano y Salud Global del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI).

Con respecto a las vacunas, hay dos problemas: producción y precio. Es decir, son vacunas muy caras, que se están produciendo por debajo del nivel necesario”, señaló Regazzoni. “¿Es la suspensión de patentes una solución para ambos obstáculos? Hay que ponerlo en duda. En primer lugar, porque está demostrado que liberar los derechos de propiedad intelectual no baja necesariamente el precio.”

“Si bien yo tengo una simpatía ideológica respecto a que los conocimientos de la humanidad se compartan y sean de libre acceso para todos, lo que necesitamos es que baje el precio de las dosis. La liberalización de patentes, per se, no garantiza ese efecto”, agregó.

Por otro lado, Regazzoni destacó que los expertos son “escépticos” respecto a la posibilidad de que la liberalización de los derechos de propiedad intelectual incremente la producción. “No es que no se produce más vacuna por una cuestión de patentes. En realidad, lo que ocurre es que no hay quienes puedan producirlas, porque fabricar vacunas es muy difícil y la capacidad instalada ya está saturada. Es decir, hay que crear mayor capacidad de producción, y eso es más una cuestión de venture capitals (o capitales de riesgo) que de IP“, concluyó.

En los próximos días, lanzaremos una versión completa de nuestra entrevista con Carlos. Si te interesó esta nota y querés saber más sobre el tema, no dejes de suscribirte a nuestro newsletter, para recibir todas las notas de SQ en tu correo electrónico.

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