¿Qué está pasando en Perú? Claves para entender la crisis política del país andino

Si sólo tenés 5 minutos:

  • En las últimas semanas, Perú se sumergió en una crisis política sin precedentes. A la destitución de Vizcarra le siguió la breve presidencia de Manuel Merino – que se vio obligado a renunciar tras una feroz represión a protestas populares – y la designación de Francisco Sagasti, que deberá conducir el país hasta las próximas elecciones, en abril de 2021.
  • Difícilmente la vorágine de las últimas semanas pueda entenderse como un fenómeno aislado y coyuntural. Por el contrario, es más bien el desenlace de una profunda crisis de representatividad que azota a muchos países de la región.
  • En este contexto, un ¿nuevo? actor social resultó clave: la juventud. Fueron los miembros de la denominada “Generación del Bicentenario” quienes lideraron los reclamos y las manifestaciones pacíficas.
Protestas en el distrito de Miraflores (Lima) el 11 de noviembre. Foto: Samantha Hare.

En las últimas semanas, Perú se sumergió en una crisis política sin precedentes: tres presidentes en siete días, movilizaciones populares a lo largo de todo el país y una feroz represión que dejó dos muertos, decenas de heridos y varias personas desaparecidas. ¿Qué está pasando en el país andino?

La destitución de Vizcarra

Pronunciamiento de Martín Vizcarra luego de la moción de vacancia. Foto: Presidencia de Perú.

La vorágine de los últimos días comenzó el pasado 9 de noviembre, cuando el Congreso peruano destituyó al entonces presidente Martín Vizcarra a través de una moción de vacancia (o juicio político), alegando una “imposibilidad moral permanente” para ejercer el cargo.

En este punto, para comprender los motivos que facilitaron el inicio de la crisis y los acontecimientos que le siguieron, cabe resaltar tres singularidades del sistema político de Perú:

  • En primer lugar, el Congreso es unicameral y se encuentra formado por 130 parlamentarios, elegidos por un período de cinco años. Asimismo, el presidente – cuyo mandato posee la misma duración – posee dos vicepresidentes como compañeros de fórmula.
  • Por otro lado, según la constitución peruana el Congreso puede solicitar la vacancia de la Presidencia por “incapacidad moral o física permanente”. Si el Presidente es destituido (para lo cual sólo se necesita el apoyo de 87 congresistas) asume su función el primer vicepresidente o, en su defecto, el segundo vicepresidente. Ante la imposibilidad de este último, el cargo es ocupado por el Presidente del Congreso.
  • Al mismo tiempo, el presidente también puede disolver el Parlamento y convocar a nuevas elecciones legislativas, siempre y cuando no se encuentre en su último año de mandato.

Dicho esto, es importante señalar que Martín Vizcarra llegó a la presidencia en marzo de 2018, luego de la renuncia del mandatario Pedro Pablo Kuczynski (conocido popularmente como PPK), de quién era primer vicepresidente. En aquel año, la dimisión de PPK ocurrió en el marco de una serie de denuncias por corrupción presentadas en su contra, vinculadas al escándalo del Lava Jato y su extensión en el país andino. Desde entonces, Vizcarra tuvo como misión principal terminar el mandato de su predecesor y conducir el país hasta las próximas elecciones presidenciales, en abril de 2021.

Según destaca el analista argentino Claudio Fantini, a lo largo de su breve presidencia Vizcarra impulsó una serie de medidas para avanzar contra la corrupción del sistema político del país. Si bien estas medidas le otorgaron un alto nivel de aprobación entre la ciudadanía, no cayeron muy bien en el Congreso, en dónde 68 de los 130 congresistas están siendo investigados por ese motivo. Luego de un largo enfrentamiento entre poderes, que incluyó la disolución del Parlamento en octubre de 2019, la convocatoria a elecciones legislativas en enero de 2020 y un fallido intento de vacancia en septiembre de este año, Vizcarra fue finalmente removido del cargo.

¿Cuáles fueron las acusaciones en su contra? De acuerdo con la BBC, la moción de vacancia fue impulsada por supuestos sobornos recibidos cuando Vizcarra era gobernador del departamento de Moquegua, entre 2011 y 2014. Sin embargo, para muchos se trató de una jugada política: no sólo es una investigación aún en curso, con pruebas poco contundentes; sino que por mandato constitucional el presidente cuenta con inmunidad, por lo que sólo puede ser investigado por casos de corrupción una vez finalizado su período.

Según detalló el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), 9 de cada 10 ciudadanos desaprueban la remoción de Vizcarra y consideran que éste debe ser investigado por la fiscalía luego de terminado su gobierno, en 2021. Tras ser destituido del cargo – y debido a que la segunda vicepresidenta de PPK, Mercedes Aráoz Fernández, había renunciado en mayo pasado – el 10 de noviembre asumió la presidencia de Perú el hasta entonces presidente del Congreso, Manuel Merino.

La presidencia de Merino y su feroz represión

Manuel Merino renuncia a la Presidencia de la República de Perú. Foto: Presidencia de Perú.

La llegada de Merino al poder provocó un fuerte rechazo popular y una oleada de protestas, a las que el flamante gobierno respondió con represión. Según informes de Amnistía Internacional, la Policía Nacional peruana hizo uso excesivo e innecesario de la fuerza al disparar municiones, lanzar gases lacrimógenos, golpear y someter a violencia desproporcional a los manifestantes.

“Los videos verificados digitalmente por Amnistía Internacional son evidencia contundente de la violencia ejercida por la Policía contra la población a la que debería proteger”, afirmó Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional. El sábado por la noche, la represión se cobró dos víctimas: Inti Sotelo Camargo, de 24 años, y Bryan Pintado Sánchez, de 22. Ante los hechos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) condenó la muerte de los jóvenes y solicitó una investigación inmediata para establecer responsabilidades.

Al día siguiente, el domingo 15 de noviembre, y a menos de una semana de asumir, Merino presentó su renuncia, la cual fue aceptada por la mayoría de los congresistas. Una vez más, Perú se enfrentaba a un vacío de poder.

Francisco Sagasti y una posible estabilidad

El presidente Francisco Sagasti llega al Palacio de Gobierno durante la ceremonia de asunción. Foto: Presidencia de Perú.

Pese a ser celebrada por la población, la dimisión de Merino dejó al país en un estado de acefalía, que se profundizó el domingo a la noche luego de que el Congreso fallase en nombrar a un nuevo presidente interino. El lunes siguiente, el Parlamento eligió al tercer presidente de la semana: Francisco Sagasti, del Partido Morado.

Para muchos fue una decisión acertada, aunque paradójica: no sólo es uno de los pocos congresistas que no tiene acusaciones de corrupción, sino que forma parte de los 19 que votaron en contra de la moción de vacancia contra Vizcarra. Investigador, autor e ingeniero industrial de 76 años, Sagasti es una figura centrista que, años atrás, se desempeñó como Jefe de Planeamiento Estratégico y asesor de los Departamentos de Evaluación de Políticas y de Relaciones Externas del Banco Mundial.

El martes 17 de noviembre, siete días después de la destitución de Vizcarra, Sagasti juró como presidente de Perú. En la ceremonia de asunción pronunció un discurso conciliador, en el que pidió disculpas a las familias de los fallecidos en las jornadas de protestas y llamó a la clase política a escuchar y responder a las demandas de la población. Al concluir, se quebró al leer un fragmento del poema “Considerando el frío imparcialmente”, del escritor peruano César Vallejo.

Durante sus primeros días de gobierno, Sagasti estableció un gabinete técnico y de orientación centrista, conformado por personalidades de prestigio académico ligadas a la investigación y con pocos vínculos con los partidos políticos. Ocho de los diecinueve cargos están ocupados por mujeres, destacándose la elección de Violeta Bermúdez – abogada constitucionalista especialista en género, poblaciones vulnerables y políticas públicas – como presidenta del Consejo de Ministros.

Para ampliar: “Quién es Francisco Sagasti, el flamante presidente de la República” (Publicado por El Comercio el 17 de noviembre 2020).

Consecuencias de una crisis profunda

Para muchos analistas, los acontecimientos que en las últimas semanas sacudieron al país andino responden a un profundo malestar social, gestado durante largo tiempo en el interior de la población peruana. Según el argentino Claudio Fantini, el de Perú no es un caso aislado. Por el contrario, en su opinión los hechos se alinean con un fenómeno que ocurre a escala planetaria: la crisis de representatividad política de las sociedades contemporáneas.

En un seminario online brindado en la Universidad Siglo XXI, Fantini señaló que, a nivel mundial, los líderes tradicionales no logran dar respuesta a las necesidades, las incertidumbres y los miedos de la población. Como resultado, en los últimos años gran parte de la sociedad perdió la confianza en las clases dirigentes y comenzó a buscar respuestas en nuevas figuras políticas: los outsiders, o anti – sistema, de los cuales el ex presidente peruano Alberto Fujimori haya sido quizás uno de los primeros representantes.

En este punto, los datos presentados por el Instituto de Estudios Peruano (IEP) son reveladores: según su último estudio de opinión, sólo el 3% de la población manifestó sentirse representada por el Congreso y, apenas un 2%, por el ahora ex-presidente Manuel Merino. Como si fuera poco, a nivel nacional un 65% de peruanos considera que ningún partido político representa sus intereses.

Datos del estudio realizado por el Instituto de Estudios Peruanos (IEP).

“Hay una profunda crisis de representatividad en nuestro país. La gente no siente que aquellos a los que han elegido realmente velen por sus intereses. Y ese grito de ‘que se vayan todos’ lo hemos escuchado transversalmente en toda Latinoamérica en algún momento”, señaló, en esta línea, el periodista y escritor peruano Martin Riepl ante BBC Mundo.

“Esta crisis tiene décadas gestándose. Primero, porque vivimos una crisis de partidos políticos desde los años ochenta, profundizada en los noventa por Alberto Fujimori, que fue un outsider y que, básicamente, antagonizó a la gente contra la clase política tradicional; y luego agravada en los últimos años por la crisis de corrupción de Odebrecht y la fragmentación de nuestro panorama electoral”, agregó.

En efecto, la corrupción es uno de los temas ubicados en el corazón del asunto. En Perú, todos los presidentes de las últimas tres décadas – sin contar a Vizcarra y Merino – fueron investigados y acusados por este motivo. Además, en los últimos años el escándalo del Lava Jato salpicó a todo el espectro político del país, provocando en 2018 la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski, que hasta el día de hoy permanece bajo arresto domiciliario.

La juventud sale a las calles

Video: El País.

Todos estos motivos contribuyen a explicar por qué, en las últimas semanas, gran parte de la población colmó las calles de las principales ciudades del país luego de la destitución de Vizcarra. “Los peruanos que salieron en inmensas cantidades a protestar contra la destitución de un presidente, en lo que era verdaderamente un golpe parlamentario, no son ‘vizcarristas’, no lo hicieron por simpatía o identificación con ese mandatario; sino para repudiar un estropicio institucional”, señaló Fantini.

De acuerdo con el IEP, el 37% de los encuestados afirmó haber participado, en las últimas semanas, en protestas contra el breve gobierno de Merino. Según el informe, se trata de una cifra más que considerable, teniendo en cuenta que el promedio de participación ciudadana en este tipo de movilizaciones no suele superar el 10%. En este contexto, un actor resultó clave: la juventud. Fueron los miembros de la denominada “Generación del Bicentenario” o “generación TikTok” – debido a la red social que utilizan para organizar las protestas – quienes lideraron los reclamos y las manifestaciones pacíficas.

Algunos elementos particulares parecen caracterizar a este quizás nuevo actor político: autonomía, acción colectiva y preocupación social. Según datos del IEP, el 75% de los jóvenes peruanos de entre 18 y 24 años manifestaron tener “mucho” o “algo” de interés por la política. “Se metieron con la generación equivocada” fue, de acuerdo con el documento, una de las frases más escuchada en las últimas semanas.

Datos del estudio realizado por el Instituto de Estudios Peruanos (IEP).

“Yo creo que la Generación del Bicentenario es la ciudadanía movilizada para poder cambiar un status quo que no responde a sus necesidades”, señaló la socióloga Noelia Chávez a Ojo Público. “Lamentablemente, desde hace varias décadas existe un divorcio entre la clase política, los partidos políticos y la ciudadanía”, agregó.

En esta línea, difícilmente este fenómeno pueda pensarse de manera aislada. Por el contrario, para Chávez se trata del resultado de una larga serie de acontecimientos políticos – entre los que incluye el movimiento Ni Una Menos o las marchas contra el indulto a Fujimori a comienzos de 2018 – a los que se suma el uso masivo de redes sociales, que permiten viralizar el abuso policial y facilitan la construcción de una identidad común.

Asimismo, de acuerdo con Raúl Castro Pérez, decano de Comunicación y Publicidad de la Universidad Científica del Sur (UCSUR), la Generación del Bicentenario forma parte de un fenómeno global, que encuentra otros ejemplos en las manifestaciones que ocurren en Chile, Estados Unidos o Hong Kong.

Protestas en el distrito de Miraflores (Lima) el 14 de noviembre. Foto: Samantha Hare.

“Los peruanos del Bicentenario son a la vez ciudadanos universales que comparten con los chilenos de hoy, los movilizados en Colombia y en México, los de Black Lives Matter, con los Chalecos Amarillos de Francia, con los movimientos de estudiantes de Hong Kong y Tailandia, una narrativa de moral pública que pugna por devolver decencia a la política, mas una conciencia clarísima acerca de que el poder está en la ciudadanía organizada, y no en las instituciones”, señaló en una entrevista con el medio peruano Gestión.

Lo cierto es que, por el momento, la designación de Francisco Sagasti parece haber traído cierta calma en un país convulsionado. A pesar de ello, los jóvenes y la población en general siguen atentos y vigilantes. Muchos reclaman incluso por la sanción de una nueva Constitución.

La pregunta que permanece en el aire, por ahora sin respuesta, es cómo evolucionará este movimiento masivo, diverso y espontáneo bautizado como Generación del Bicentenario: ¿engendrará nuevos colectivos y liderazgos? ¿logrará articular un proyecto capaz de renovar la vida política de Perú? Teniendo en la mira las elecciones presidenciales de abril de 2021, lo cierto es que todo esto aún está por verse.

Para ampliar: “Perú: La semana en que los jóvenes salvaron la historia” (Publicado por Javier Bedía en Connectas.org)

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