Diana Tussie: elecciones en Estados Unidos y su impacto en una Latinoamérica convulsionada

Diana Tussie es Licenciada en Sociología y Doctora en Relaciones Internacionales por la Escuela de Economía de Londres. Actualmente, es Directora del Área de Relaciones Internacionales de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) sede Argentina, e Investigadora Superior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). En esta entrevista con Statu Quo, analiza las elecciones de Estados Unidos y su impacto en la agenda regional, así como también las principales estrategias que Argentina debería adoptar en materia de política exterior.

Foto: Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), sede Argentina.

Ante un presidente que se niega a reconocer su derrota y la presentación de una serie de denuncias por supuesto fraude electoral, ¿podemos llamar a Joe Biden “presidente electo” de Estados Unidos?

Bueno, yo no soy experta en el sistema legal interno de Estados Unidos, por lo que no puedo hacer más que una lectura política. A Biden lo han felicitado varios presidentes – lo cual no quiere decir que sea correcto, quizás están haciendo una jugada política – pero hay otros, como Putin, que todavía no. En lo personal, no veo tanta incertidumbre. En algún momento habrá una declaración, el Colegio Electoral se tiene que reunir a mediados de diciembre y, de acuerdo a lo que hemos leído, Biden cuenta con más de los 270 electores necesarios.

De lo que no me cabe la menor duda es que Trump se va a ir pataleando y que no va a ser una transición fácil, teniendo en cuenta su personalidad. La situación interna está muy convulsionada y no hay que olvidar que, si bien Trump perdió el Colegio Electoral – lo cual parece casi seguro – hizo una bastante buena elección, con lo cual no se va a retirar con tranquilidad. Se trata de una persona que construyó una imagen de “yo nunca pierdo”, por lo que hay que ver cómo resuelve la situación.

Si se confirma el escenario actual, Biden asumirá la presidencia en enero de 2021. ¿Qué enfoque considera que adoptará respecto a Latinoamérica?

Creo que va a ser un horizonte de certidumbre. Biden es una persona experimentada, con madurez política. No es el modelo Trump de “yo sé todo y hago lo que quiero”. Entonces, si bien uno no puede vaticinar totalmente el contenido de su política exterior, hay elementos que permiten pensar en un horizonte de previsibilidad.  

Al mismo tiempo, hay que recordar que él viene de un gobierno que anunció, con Obama, que la doctrina Monroe se había acabado. Por lo tanto, es probable que se abran mayores espacios de convivencia, aunque eso no quiera decir que no existan conflictos.

Joe Biden y Kamala Harris, ganadores de las elecciones presidenciales norteamericanas. Foto: Lawrence Jackson / Biden for President.

La cuestión Venezuela, ¿Qué importancia tomará en este contexto?

Creo que va a seguir teniendo importancia, pero es probable que se levanten las sanciones por razones humanitarias. Éstas golpean muchísimo al pueblo, tanto a los que apoyan a Maduro como a los que no, a todos. Además, tienen una incidencia importante sobre las migraciones. Esto mismo también aplica para Cuba, por idénticos motivos.

En definitiva, me parece que va a continuar la presión para una negociación, pero de otra manera. Por ejemplo, demandando a través de una coalición con Europa, que ha tenido mucha incidencia en el país, y dialogando con el Papa Francisco, que también participó de numerosas mediaciones. Si bien éstas no resultaron, la Iglesia tiene experiencia y es probable que Biden recurra a ella, en parte porque es católico. Es decir, con un Papa con tanta experiencia en América Latina y un presidente católico también muy experimentado en la región, estoy casi segura de que va a buscar consejo en él.

¿Ve factible una resolución a corto plazo de la crisis venezolana?

Bueno, depende de qué consideremos corto plazo, pero yo creo que se va a prolongar. Lo más importante tiene que ser dar solución a la crisis humanitaria, de ahí hay que partir. Pero puede tardar porque, volviendo atrás, ya hubo muchas negociaciones, tanto con Europa como con la Iglesia, que no marcharon y no tienen por qué marchar ahora.

¿Qué rol debería jugar Argentina en este escenario? ¿Puede asumir una especie de liderazgo regional?

Si, yo creo que sí. Quizás no sea un liderazgo solitario sino compartido con otros países, lo cual es más probable. Nunca conviene liderar solos y me parece que Felipe Solá tiene la suficiente experiencia como para saber que, a veces, lo mejor no es tener el protagonismo; porque el que tiene el protagonismo después paga todos los costos. Normalmente, en política internacional se intenta habilitar el inter protagonismo.

En esta situación, se me ocurre, va a haber coaliciones, de las que pueden formar parte México, Costa Rica, es probable que Uruguay y Perú, aunque de eso estoy en duda. En este último país, Sagasti es una persona con mucha experiencia internacional y muy demócrata. Ahí también hay una articulación posible para la Argentina.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, junto a su par chino Xi Jinping en una reunión bilateral mantenida durante la cumbre del G20 2019, realizada en Osaka, Japón. Foto oficial de la Casa Blanca, por Shealah Craighead.

En el ámbito económico, ¿Cómo ve el futuro de la guerra comercial entre Estados Unidos y China?

Creo que va a continuar. Quizás no hay que llamarla guerra, pero la tensión continuará con muchos altibajos. También hay que recordar que el enfrentamiento no es sólo del gobierno de Trump, sino que viene de larga data. Durante los últimos diez años, cada administración tuvo su propia visión estratégica de China: si era rival o no; si había que contenerla, domesticarla o democratizarla. Desde Tiananmén en 1989, o desde que comenzó la apertura china, Estados Unidos se pregunta “¿qué hacer con este gigante?”.

Con Obama había una estrategia de contención, sobre todo a través de la creación de mega acuerdos regionales como el TPP o el TTIP. Bueno, con Trump eso cambió y el país pasó a ser un rival estratégico: ya no fue el terrorismo, sino que fue China. En definitiva, creo que la tensión va a seguir, no sé si como guerra pero sí como competencia, con altibajos y mucha diferencia temática. Por ejemplo, la disputa por el 5G va a continuar, pero la agenda de financiamiento en la región va a ser menos virulenta. También hay que ver cómo se comporta China en estos ámbitos.

Hablando de financiamiento en la región, para muchos la llegada de Claver-Carone a la presidencia del BID respondió a un intento de la administración Trump de contener el avance de China en el continente. ¿Cómo ve el futuro del organismo y la articulación de alguien como Claver-Carone con el gobierno de Biden?

Bueno, por un lado la elección de Claver-Carone se vinculó con el avance de China en la región, eso es cierto, pero también es importante considerar el peso del voto latino en Florida. Trump necesitaba ganar el estado en las elecciones presidenciales y eso, a nivel interno, tuvo más que ver con la postulación de Claver – Carone para presidir el organismo.

Volviendo a tu pregunta, creo que estamos en un brete porque, por un lado, existe la necesidad de reponer los capitales del BID, para lo cual se necesita el apoyo político de Estados Unidos y de todos los países de la región; pero por otro, Claver-Carone y el actual gobierno norteamericano no lo tienen. Y a Claver-Carone se le está desarmando la coalición que lo votó, formada por Honduras, Ecuador, Paraguay y casi todos los demás países latinoamericanos, debido a que Trump perdió las elecciones. 

También hay que considerar que Claver-Carone es un presidente de mucha debilidad: hasta el momento, todos los presidentes de la historia del BID habían sido negociados y votados por unanimidad. Esta es la primera vez que ocurre una votación tan rápida, en la que los Estados no lograron acordar un resultado unánime, y eso es una debilidad muy fuerte. De hecho, en la primera reunión de directorio no logró nombrar a los dos gerentes que le había prometido a Honduras y a Ecuador, países que apoyaron su candidatura. Con lo cual, actualmente hay dos gerencias que están vacantes u ocupadas por alguien a quien el presidente del Banco quiere remover.

En definitiva, estamos ante un brete importante y yo veo una lenta erosión de Claver-Carone, una especie de interregno que quizás le impida terminar su mandato de cinco años. Pero hay que ver, es un período complicado para la operatividad ambiciosa del Banco.

El actual presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Mauricio Claver-Carone. Foto: Gabriel Aponte/Getty Images for Concordia Summit.

¿Esto puede derivar en una especie de parálisis del organismo?

Bueno, en los principales temas puede ser. Quizás al momento de armar agenda, tomar decisiones importantes, autorizar licitaciones o aprobar grandes préstamos, que es lo que necesita la región. Pero en la vía burocrática, no lo creo, porque los organismos financieros suelen tener un presupuesto ordenado de antemano.

Lo más difícil es, justamente, salirse de ese presupuesto con grandes metas o créditos. Por ejemplo, un préstamo para la recuperación post pandemia de la región será complicado, al menos que se negocie. Creo que viene períodos de intensas negociaciones.

En este contexto, ¿Cuál debería ser la estrategia de Argentina en materia de política exterior?

Creo que la Argentina tiene que aspirar a la articulación y al pragmatismo. Articularnos con quién sea posible e intentar ordenar la región en base a un modelo de convivencia; lo cual me parece muy importante en un contexto de convulsión como el que atraviesan Perú y Chile, este último considerado un modelo de estabilidad regional.

En Chile hay una situación de poca paz social, con un modelo que se está… no voy a decir resquebrajando, pero sí limando bastante rápidamente. Hoy, por ejemplo, leí que por segunda vez las AFP deberán repartir los ahorros a sus asegurados, por lo cual uno puede ver que el modelo de jubilaciones chileno se está… quebrando, lo mismo que el modelo educativo. Esto no quiere decir que todo se acabó y que mañana tendremos un cambio radical, pero sí que existe un conflicto muy grande que no sabemos cómo se resolverá.

Pienso que Chile da la sensación de estar atravesando un momento similar al de Argentina en 2001, de “que se vayan todos”, y lo mismo parece estar ocurriendo en Perú. Pero bueno, hay un tiempo de “que se vayan todos”, que dura un par de meses, y después la maquinaria de partidos políticos comienza a ordenarse. Es decir, éstos negocian, lideran, etcétera, y emergen algunos líderes, como pasó en nuestro país. Después de la seguidilla de presidentes, hubo negociación. Duhalde gobernó dos años, luego llamó elecciones y llegó Néstor Kirchner. Eso es lo que creo que va a ocurrir en Chile. En Perú la situación es más complicada, porque los partidos son más pequeños. Sacando el APRA y Fuerza Popular, no son grandes maquinarias.

Al mismo tiempo, otro país muy convulsionado es Colombia, y hay que ver qué ocurre en Ecuador con las elecciones presidenciales de febrero. En definitiva, estamos en un momento de difícil ordenamiento a nivel regional.

En cuanto a la posición de Argentina, me parece que es tiempo de articulación y pragmatismo, de dejar de lado los grandes mantras. En este punto, existe un aspecto en el que nuestro país es activo y muy reconocido internacionalmente: la bandera del respeto por los derechos humanos. Volviendo a la pregunta de Venezuela, creo que ahí Argentina puede jugar un rol importante, porque tiene un lugar ganado desde el 83’. Derechos humanos, multilateralismo, negociación, articulación y convivencia son credenciales y tradiciones argentinas en política exterior.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, junto al canciller argentino, Felipe Solá. Foto: Cancillería argentina.

¿Y qué pasa con Brasil? ¿Es prioritario fortalecer nuestra alianza con el país vecino?

Siendo que en las elecciones municipales del domingo no le fue muy bien a Bolsonaro – pero tampoco le fue mal – y que el mandatario perdió su modelo con la derrota de Trump, es probable que haya una cierta bajada de virulencia del lado brasilero, a nivel presidencial. Quizás pueda haber un horizonte de más respeto, porque creo que Bolsonaro hizo mucha política doméstica con el anti argentinismo, denostó a la Argentina por motivos internos. Lo cual, por supuesto, tuvo consecuencias internacionales.

Respecto a nuestro país, creo que no hay que apostar a un único aliado. Sobre todo en estos momentos de coyuntura incierta, donde todo está muy convulsionado. Además, con Brasil tenemos grandes diferencias. Esto no es Alfonsín – Sarney, no es Menem – Cardoso, no es Néstor – Lula; esos grandes momentos de la relación bilateral con presidentes que actuaban éticamente en pos del interés de la nación. No veo a Alberto abrazándose con Bolsonaro. Lo cual no quiere decir que no nos respetemos mutuamente, pero hay que mirar a todas partes y hacer aliados en todas partes.

Brasil, sólo por tamaño, nunca va a dejar de ser importante. Ni para Argentina, ni para Estados Unidos, Europa o China. Es muy grande para ser olvidado. Por eso también hay que armar otras coaliciones, que no haya monopolios. Hoy en día China es mucho más importante, por ejemplo, para nuestra inserción económica.

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